Esta semana he estado muy atento a las noticias relacionadas con las energías renovables y en especial sobre la energía solar, la cual siempre me ha resultado una tecnología interesantísima y en la que sin duda descansará un gran porcentaje de la generación de energía a nivel mundial en un futuro que no se ve tan lejano.
 
 
 Notas sobre energía solar por Alejandro Betancourt  
 
 
Tras chequear varios textos e informes, el comunicado emitido por Bloomberg basado en los pronósticos que la Bloomberg New Energy Finance (BNEF) es el que me ha generado mayor satisfacción por lo completo e interesante del mismo, pero sobre todo por su dato inicial: “los costos de la energía solar caerán un 66% para el 2040 y la energía eólica onshore en un 47%, con las energías renovables sobreponiéndose a la mayoría de las centrales eléctricas existentes para el 2030”.
 
El informe basa sus datos en el último pronóstico de la importante firma de periodismo financiero realizado por el New Energy Outlook 2017 (NEO), que básicamente muestra cómo se va descarbonizando el sistema de generación mundial de energía.
 
Les compartiré mis comentarios sobre algunas de las conclusiones que este informe emite:
 

1. CRECIMIENTO: 

Se prevé que para el 2040 la energía solar crecerá 14 veces su capacidad representando. Se espera entonces que para ese año la energía solar y eólica representen el 48% de la capacidad instalada y el 34% de la generación de electricidad, que hoy representa el 12% y el 5% respectivamente.
 

2. ENERGÍA BARATA: 

Los costos de la energía solar se reducirán en un 66% para 2040. En países tan grandes como Alemania, Australia, Estados Unidos y otros más pequeños como Italia o España, ya la energía fotovoltaica es tan barata como el carbón. Para el 2021 será mucho más barata que el carbón en otras grandes naciones como China, India, México, el Reino Unido y Brasil.


3. MONSTRUOS ASIÁTICOS: 

China e India se presentan con una oportunidad de 4 billones de dólares para el sector energético, y es que la región Asia-Pacífico invierte casi lo mismo que el resto del mundo en generación de energía. Del valor total, se proyecta que un tercio se destinará a la energía eólica y otro tercio para la energía solar; 18% para la energía nuclear y un 10% para la energía basada en carbón o gasolina.
 

4. BATERÍAS:

Las baterías y las nuevas fuentes de flexibilidad impulsan el alcance de las energías renovables. El informe prevé que el mercado de baterías de litio alcance una valuación de al menos 239 mil millones de dólares entre este momento y el 2040, año en el que un 57% de los hogares y negocios contarán con baterías de menor escala, mientras que en la actualidad ya vemos como el gas natural provee flexibilidad del sistema en momentos críticos. Las baterías de gran escala compiten crecientemente con el gas natural para proveer flexibilidad del sistema en momentos con demanda máxima. El informe también anticipa que las energías renovables alcancen una penetración del 74% en Alemania hasta el 2040, 38% en Estados Unidos, 55% en China y 49% en la India.
 

5. VEHÍCULOS ELÉCTRICOS:

En Europa y en Estados Unidos, los autos eléctricos (EVs) representan el 13% y 12% de la generación de energía para el 2040, respectivamente. El crecimiento en el uso de estos vehículos impulsará el costo de las baterías de litio.
 

6. HOGARES SOLARES:

Los datos son sorprendentes. Para el 2040 la energía fotovoltaica residencial representará casi el 24% de la electricidad en Australia, 20% en Brasil, 15% en Alemania, 12% en Japón y 5% en Estados Unidos e India. Esto reduce la necesidad de plantas de carbón y gas de gran escala.
 

7. SE DERRUMBA EL CARBÓN:

Caída en la demanda, bajos precios en energías renovables a gran escala y el cambio del carbón al gas, reducirá en 87% el uso del carbón en Europa para 2040. En Estados Unidos cae un 45%. Pero en China crecerá una quinta parte durante la próxima década, pero alcanzará su máximo nivel en 2026. La demanda mundial de carbón térmico disminuirá en un 15% entre 2016 y 2040.

 

 
Alejandro Betancourt

 

Este lunes 6 de junio, cuatro países del Medio Oriente rompieron relaciones diplomáticas con Qatar, en una escalada que aunque por ahora tan sólo es a nivel diplomático, podría tener consecuencias mayores si se deja avanzar sin ningún acuerdo. Arabia Saudita, Baréin, Egipto y Emiratos Árabes acusan a Qatar de apoyar al “terrorismo islámico”.

    

 
 
Qatar, un pequeño emirato con una alta riqueza en hidrocarburos, dice que esta decisión busca ponerlos bajo tutela para asfixiarlos económicamente. Es interesante lo que dice el profesor Alberto Rojas, del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae, consultado por el portal chileno Publimetro, quien expresa que la gravedad del episodio radica “en la medida que ocurre en una zona clave en términos de su importancia política y energética, aunque no es un hecho aislado. Ya en 2014 Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Baréin retiraron unilateralmente sus embajadores en Doha, lo que demuestra que este es un tema que se arrastra hace tiempo”.
 
Las medidas que tomaron los vecinos de Qatar, no sólo se limitan a la ruptura de las relaciones, sino que cerraron sus espacios aéreos y  los accesos terrestres y marítimos, afectando en gran medida al tráfico aéreo en la región, que es un conector vital entre Europa, Asia y África. Igualmente ni sus ciudadanos pueden viajar a Qatar ni permitirán la entrada de cataríes a sus territorios.
 
Aunque la crisis se dispara dos semanas después de la visita de Donald Trump a Arabia Saudita, no se cree que la primera potencia del mundo deje sola a Qatar, pues es de gran importancia la base aérea que desde allí mantiene Estados Unidos y que utiliza en su lucha contra el Estado Islámico.
 
En un primer vistazo que le damos a esta situación, encontramos que la primera reacción inmediata fue el alza del petróleo en medio punto porcentual. Ahora, en el mediano y largo plazo hay muchas consecuencias posibles, pues todo esto gira en torno a que Qatar ha tenido una relación que se ha acercado mucho más hacia Irán y se ha alejado de sus socios estratégicos históricos, como son sus vecinos del Golfo. Esto se está entendiendo como una especie de castigo, al aislar a Qatar para que se distancie de Irán, acrecentando al mismo tiempo la tensión entre Arabia Saudita e Irán, lo que puede desembocar en una tensión bélica y una discordia entre los países productores de la OPEP.
 
Entonces existen dos vertientes muy importantes que son totalmente diferentes: si simplemente quedan en una disputa diplomática, esto podría llegar a romper los acuerdos de las cuotas de producción y eso traería un aumento de la oferta en el mundo, causando una baja en los precios. Si esto escala a un nivel mayor y hay algún tipo de conflicto bélico en el Medio Oriente, esto llevaría a una escasez de la producción y exportación desde la zona e impactaría en la forma de un alza en los precios y eso puede ser algo que el mercado no está poniendo en una prima en este momento después de tener el impacto inmediato. Si eso llegara a pasar, el aumento en el barril de petróleo sería algo que no quiero ni proyectar.
 
La importancia de Qatar para el mercado petrolero es inconmensurable. Es el país con mayor renta per cápita del mundo, además es el mayor exportador mundial de gas natural licuado y posee un fondo soberano con intereses ubicados en empresas tan diversas como Volskwagen, Barclays o Tiffany & Co., tal como se puede ver en este cuadro hecho por Bloomberg con algunas de las inversiones a nivel mundial de este fondo catarí.

  

 
 
 
Consultado por Bloomberg, Tarek Fadlallah, consejero delegado de Nomura Asset Management Middle East, dijo que “van a haber consecuencias para la gente, los viajeros, los negocios. Más allá de eso, pone en perspectiva los riesgos geopolíticos. Dado que es un movimiento sin mayores precedentes, es difícil anticipar qué ocurrirá”.
 
En cuanto a Venezuela el análisis es relativamente sencillo. Obviamente que una escalada de este conflicto en Medio Oriente traería consecuencias, tanto a nivel de relaciones internacionales como a nivel económico y la consecuencia directa se reflejará en el precio del barril: si el petróleo baja, la crisis se mantendrá, pero si sube, Venezuela podría recibir unas divisas que no estaban en los planes.